Si miramos una ciudad desde arriba, buena parte de lo que vemos es suelo: aceras, plazas y calles peatonales. Es una superficie enorme, ya construida, que recibe sol todo el día y que, sin embargo, no produce nada. Al contrario: en verano acumula calor y por la noche hay que iluminarla.
En este artículo repasamos por qué las aceras se han convertido en uno de los grandes espacios desaprovechados de la ciudad, qué problemas generan hoy y cómo podrían pasar de ser un gasto a una fuente de energía.
¿Por qué las aceras son una superficie desaprovechada?
Porque cumplen una sola función: que caminemos sobre ellas. Durante décadas, el pavimento urbano se ha diseñado pensando solo en la resistencia, la durabilidad y el coste. Nadie le pedía al suelo que hiciera nada más.
Mientras tanto, los tejados se han ido llenando de placas solares, pero tienen límites. La mayoría de los edificios son privados, y poner placas en un bloque de viviendas exige poner de acuerdo a la comunidad de propietarios, conseguir permisos y decidir cómo se reparten los costes y la energía: un proceso lento y, a menudo, un lío. Además, muchos están en cascos históricos protegidos y la energía que producen se queda en el edificio. El suelo público, en cambio, es continuo, está en todas partes y se encuentra justo al lado de lo que más energía consume en la calle: el alumbrado, los semáforos, los puntos de recarga o el mobiliario urbano.
¿Qué es una isla de calor urbana y qué papel juega el pavimento?
Una isla de calor urbana es una zona de la ciudad que se mantiene más caliente que su entorno, sobre todo por la noche. Se produce porque materiales como el asfalto, el hormigón o la piedra absorben la radiación solar durante el día y la liberan lentamente después. A eso se suma la falta de vegetación, el calor que desprenden el tráfico y los aparatos de climatización, y la propia forma de las calles, que dificulta que el aire circule.
El pavimento tiene mucho que ver. Ese calor se nota al caminar, se acumula en el ambiente y hace que las olas de calor sean más duras en el centro de las ciudades que en las afueras. Con veranos cada vez más largos y calurosos, reducir la temperatura del suelo se ha convertido en una prioridad para muchos ayuntamientos.
¿Qué hacen hoy las ciudades contra el calor del pavimento?
Las soluciones más habituales son conocidas:
- Plantar arbolado y crear zonas verdes.
- Instalar toldos, pérgolas y zonas de sombra.
- Añadir fuentes y láminas de agua.
- Usar pavimentos de colores claros que reflejan más el sol.
Todas ayudan, pero tienen algo en común: suponen un coste para la ciudad y no generan ningún retorno. La pregunta que se hace Deca es otra: ¿y si el mismo suelo que hoy se calienta pudiera aprovechar esa energía y, a la vez, ayudar a refrescar la calle?
¿Por qué generar energía en el suelo y no solo en los tejados?
Generar energía en el pavimento tiene varias ventajas frente a otras opciones:
- Es suelo público. La ciudad decide sobre sus propias aceras, sin depender de cientos de comunidades de propietarios ni de permisos edificio por edificio.
- No ocupa espacio nuevo. Aprovecha una superficie que ya existe y que, de todos modos, hay que construir o renovar.
- Produce donde se consume. La energía se genera a pocos metros de las farolas, los sensores o los puntos de carga que la necesitan.
- Es invisible. No cambia la imagen de la calle ni añade elementos verticales, algo importante en centros históricos.
- Crece con la ciudad. Cada calle que se renueva puede sumar una pequeña central eléctrica a la red urbana.

Suntile: la propuesta de Deca para convertir las aceras en energía
Con esta idea nace Suntile, el pavimento inteligente que desarrolla Deca Technologies. Su objetivo es que la acera deje de ser solo un lugar de paso y se convierta en una infraestructura que genera energía, recoge datos de la ciudad y ayuda a reducir el calor.
Suntile
Una baldosa de terrazo con el aspecto y la resistencia de una baldosa de acera convencional, que integra captación solar, iluminación y sensores.
¿Qué retos tiene un pavimento solar?
Llevar la tecnología al suelo no es sencillo, y conviene contarlo con claridad. Estos son los principales retos que tiene que resolver:
Resistencia
Soportar el paso diario de miles de personas, la lluvia, la suciedad y los cambios de temperatura sin perder rendimiento.
Seguridad
Ser seguro para los peatones, con conexiones estancas y de baja tensión.
Mantenimiento
Poder revisarse y repararse sin levantar la calle entera.
Rendimiento
Su producción depende de la orientación, la sombra de los edificios y el arbolado de cada calle.
Por eso Suntile es hoy un proyecto en desarrollo en el que Deca trabaja para resolver cada uno de estos retos antes de llegar a las ciudades.
Hacia calles que generan su propia energía
El suelo que pisamos cada día puede ser la mayor central eléctrica de la ciudad.
El siguiente paso es que las calles produzcan parte de la energía que consumen, que estén más frescas en verano y que aporten información para gestionarlas mejor. Las aceras, que hoy apenas miramos, pueden ser una parte importante de esa transformación.
¿Quieres saber más sobre Suntile o seguir su evolución?
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